A.P.E.P. ACTUALIDAD,INTERNACIONAL Bebés con etiquetas de precio.

Bebés con etiquetas de precio.



Bebés mercantilizados con etiquetas de precio, según su peso al nacer, sexo, y apariencia.

Por: Teresa Dominguez

Feminista, madre, enseñante, siempre en la cuerda floja. “Waking up to our fake world” es un espacio para recapacitar, para dar voz a quienes que no la tienen. “No seré una mujer libre mientras las siga habiendo sometidas”.

La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de 2005 reconoce que los avances tecnológicos en la ciencia médica deben ser éticamente sólidos, dando “el debido respeto a la dignidad de la persona humana y el respeto universal y la observancia de los derechos humanos y las libertades fundamentales” (UNESCO 2006 : 3). La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 9, establece que “nadie será sometido a arresto, detención o exilio arbitrarios“. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 14, establece que “Todos tienen derecho a la libertad de movimiento y residencia dentro de las fronteras de cada estado”. El estudio al que hago mención en esta columna revela que este derecho fundamental es violado en la práctica de la maternidad subrogada en India y otros lugares del mundo.

Desde la coyuntura de la prohibición de la maternidad subrogada comercial en India, en septiembre de 2015, Sheela Saravanan consideró que era el momento apropiado para examinar la situación real en dicho país y cómo se desarrolla su transición al “altruismo”. Es necesario decir que, dado que Nepal, India, Tailandia, México y Camboya limitaron o propusieron la prohibición de la subrogación comercial, esta práctica de explotación reproductiva se ha trasladado a Laos, Malasia, Kenia, Nigeria, Ghana, Sudáfrica, Argentina y Guatemala.

Sin embargo, algunos de los hallazgos de la investigadora reiteraron su estudio anterior: continúan, a día de hoy, ocurriendo violaciones graves de derechos humanos y ética médica en India; las mujeres siguen siendo retenidas en “hogares” contra su voluntad, se siguen realizado abortos selectivos por razón de sexo de acuerdo con los deseos de los “padres de intención”, algo completamente ilegal. Las restricciones impuestas a las mujeres en dichas casas, o granjas, algunas sin ventanas, o en sótanos, son inhumanas, a ninguna de ellas se les entrega una copia de su contrato, la forma en la que son entregados los bebés también es inhumana. Todas las madres de alquiler, excepto una de las investigadas, dijeron que sentían un apego con los bebés y que este apego era igual al que sentían por sus propios hijos.

Se produce violación de la ética médica, de los de los derechos humanos de las mujeres y de los menores, en definitiva, hablamos de trata de mujeres y bebés: Hay clínicas que continúan transfiriendo cinco embriones al útero de la madre gestante.

"De la propia investigación se saca como conclusión que el 49% de las mujeres fueron convencidas para ser madres de alquiler a través del trabajo de campo de agentes intermediarios, una amplia red de agentes de clínicas dedicadas a la maternidad subrogada, médicos y enfermeras y el 42%, por los maridos."
(Sheela Saravanan)

Tener a mujeres retenidas en un edificio es una violación de los derechos humanos. Criaturas mercantilizadas con etiquetas de precio, según su peso al nacer, sexo, apariencia y, en consecuencia, los fetos son abortados selectivamente. Según el nuevo estudio actualizado de Sheela Saravanan, las mujeres son seleccionadas en función de su clase, edad, color de piel, religión, casta y el pago varía según estas categorías.

Ya hemos hablado con Sheela Saravanan, en ocasión de “Una visión feminista sobre el mercado global de los vientres de alquiler“. Acerca de la Conferencia Internacional sobre los vientres de alquiler en la Universidad RMIT de Melbourne, Australia llamada «Broken Bonds and big money«. Saravanan, recordemos, es profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de Heidelberg, Alemania. Tiene dos masters en geografía y desarrollo. Doctorada en salud pública, se ha especializado en salud reproductiva y en prácticas de parto en la India. Su trabajo post-doctoral en universidades alemanas, se centró en la salud materno-infantil, en los abortos selectivos, en las tecnologías reproductivas y la maternidad subrogada.

Su enfoque siempre se ha basado en la justicia reproductiva y el feminismo transnacional. Además de una gran oradora, que ha expuesto en numerosas ocasiones su trabajo en las Naciones Unidas y otras importantes conferencias, es investigadora independiente sobre la violencia contra las mujeres en Asia y Europa, así como sobre salud reproductiva. Su libro, “A Transnational Feminist View of Surrogacy Biomarkets in India”, es el resultado de una gran investigación sobre el terreno, un documento hecho de muchas entrevistas a mujeres que revela las terribles condiciones en las cuales las madres “sustitutas” son monitoreadas a lo largo de su embarazo, además del negocio de la venta de óvulos y embriones.

Son numerosas las organizaciones que se declaran pro derechos humanos, la especificidad del Observatorio Europeo para la No Discriminación y los Derechos Fundamentales es su estructura flexible, que no solo teoriza sino que lleva a cabo sus propias acciones sobre el terreno y desarrolla su propio enfoque de cuestiones relacionadas con las personas sin hogar, las personas con discapacidad, los migrantes, las mujeres y los menores en el contexto de la protección infantil. Entablando un diálogo constante con las instituciones europeas, así como con las autoridades políticas nacionales y regionales, a fin de intercambiar información para ayudar a la aplicación de medidas políticas eficaces.

En su último informe de junio 2019, Saravanan afirma, que a pesar de la prohibición, del supuesto cambio de ley que se ha debatido estos últimos tres años en el Parlamento*, el negocio sigue operando, que todas las mujeres que son madres gestantes, lo hacen por dinero porque “la mayoría de los hogares son pobres, algunos son muy pobres y los restantes están en el nivel de subsistencia”. A pesar de la prohibición, las parejas extranjeras y los indios no residentes, forman la mayor parte de los clientes (57%) desde lugares como África, Dubai, Canadá, Turquía, Estados Unidos, Bahrein, Bangladesh, Nigeria y el Golfo. Es cierto que las leyes que impiden la maternidad subrogada comercial en la India están teniendo un impacto. De hecho, clínicas alrededor de Anand y Ahmedabad han estado contactando a las madres gestantes de sus bases de datos, solicitandoles que se inscriban como una última oportunidad porque la práctica “será prohibida pronto”. Se espera que el partido Bharatiya Janata, que ganó las elecciones de 2019 lleve adelante la prohibición de facto de la gestación subrogada comercial.

Casi todas las madres sustitutas (93%) piensan que el proceso del alquiler de vientre es una forma de esclavitud y la mayoría (67%) considera que el proceso es similar a la explotación sexual. Desde el punto de vista financiero, solo las mujeres muy pobres, sin tierras agrícolas o vivienda han repetido la subrogación más de una vez, el resto volvieron a caer en la pobreza extrema.

"Las madres sustitutas describieron el período de transferencia de embriones como intrusivo, doloroso, reprimido, áspero y terrible" (Sheela Saravanan)

Las madres “sustitutas” son retenidas en dormitorios sin ninguna libertad de movimiento, ni de lo que pueden comer o beber.Son obligadas a comer mezclas proteínicas. Deben permanecer en la cama durante dos meses en posición específica; piernas cruzadas y levantadas. No pueden mantener relaciones sexuales con sus maridos, ni escuchar la música que desean, o lo que ven en la televisión. Mujeres a las que se vigila incluso para ir al baño, ni siquiera pueden orinar “más de lo necesario”. Se les prohibe reír o hablar en voz alta. Estas son sobre-medicadas, invadidas en sus cuerpos, un proceso que incluye abortos selectivos, cerclaje cervical, enfermedades y depresión extrema. Se les hace creer que solo si siguen estas reglas, el informe de embarazo será “positivo”. Lo que garantiza el pago. Estos “hogares” suelen tener guardias en la puertapor lo tanto, las madres no pueden salir del edificio.

Durante el parto experimentan; miedo a la muerte, a las complicaciones, a la cesárea, al dolor. También por la negligencia de los padres, al ser los encargados de los hijos propios, mientras duran las separaciones crueles. Experimentan situaciones cercanas a la muerte durante los procesos de maternidad para terceros. Por supuesto no se informa de los casos de muertes de madres gestantes, a las que se culpa “por no seguir las normas de la clínica”, ni de mujeres que donan sus óvulos. La relación con los clientes, los llamados “padres de intención” se procura evitar por las clínicas, según estas mujeres, y cuando existe, es “agradable” mientras el bebé está en su vientres, después del parto, la mayoría de los clientes se convierten en personas desconsideradas, egoístas e incluso crueles. “Una vez que el “trabajo” ha terminado, ya no tienen nada que ver con nosotras.” De hecho a algunas madres no se les permite ver la cara de sus bebés. Por otra parte, se espera que la mayoría de estas mujeres proporcione leche materna a estos bebés, y si lo requiere “la situación”, se espera que algunas se conviertan en sus niñeras y se separen bruscamente de sus hijos cuando los clientes los recogen en el momento que “buenamente” quieran. Algunos bebés conocen incluso a sus hermanos para luego producirse la separación.

Su enfoque siempre se ha basado en la justicia reproductiva y el feminismo transnacional. Además de una gran oradora, que ha expuesto en numerosas ocasiones su trabajo en las Naciones Unidas y otras importantes conferencias, es investigadora independiente sobre la violencia contra las mujeres en Asia y Europa, así como sobre salud reproductiva. Su libro, “A Transnational Feminist View of Surrogacy Biomarkets in India”, es el resultado de una gran investigación sobre el terreno, un documento hecho de muchas entrevistas a mujeres que revela las terribles condiciones en las cuales las madres “sustitutas” son monitoreadas a lo largo de su embarazo, además del negocio de la venta de óvulos y embriones.

En nombre de “la libertad” reproductiva, se producen violaciones desenfrenadas de derechos humanos. Y estas violaciones no son más que un reflejo de las desigualdades estructurales globales. Los vientres de alquiler promueven la hegemonía de lo que Sheela Saravanan llama los pro-natalistas. La hegemonía patriarcal, racista, etnicista, las castas, el sexismo, la genetización, la alienación de la función gestacional, las violaciones de los derechos humanos y de los menores, el tráfico y la injusticia reproductiva. De la propia investigación se saca como conclusión que el 49% de las mujeres fueron convencidas para ser madres de alquiler a través del trabajo de campo de agentes intermediarios, una amplia red de agentes de clínicas dedicadas a la maternidad subrogada, médicos y enfermeras y el 42%, por los maridos. Los agentes buscan mujeres pobres en su vecindario, entre amigos y familiares,en clínicas de ensayos de drogas y entre donantes de óvulos. Todas estas personas van a comisión, por cada potencial “madre sustituta” reciben una comisión de 10 mil rupias, después de que el bebé(s) sea entregado a los clientes.

En la investigación de seguimiento en 2019 se confirmó que en realidad se seguían realizando abortos selectivos y explotando a mujeres.

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